A una semana de comenzar el otoño cierro las cortinas. El aire enrarecido del verano rasga mis oídos sin noticias. El olor a manzana-canela me inunda desde la cocina. Intenso. Como el pensamiento de las mañanas, cuando pienso acostumbrarme al túnel que conduce a la carretera 5 sur. Y ver la luna ahí, todavía. La madrugada que se alarga. La noche que se precipita mientras cruzo la distancia de una autopista. Pienso hundirme en la butaca, y entonces, aprieto la palanca del costado y el respaldo desciende junto con mis sueños. En ellos, el túnel es infinito. Toda la oscuridad, es él. Yo me dejo inundar, me dejo cubrir de su aire. Cuando abro los ojos, de la luna sólo queda una estela blanca.
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