jueves, febrero 26, 2009

Il viaggio è il viaggiatore

jueves, febrero 26, 2009


Vuelvo a mis poemas viejos con la mirada de quien busca lo nuevo en lo pasado. No nado; sobrevuelo naderías, impulsos, arrebatos coléricos y estúpidas resignaciones que ahora se desmontan y caen. Ley de gravedad, le dicen. Yo le llamo vida.

No se trata de cambiar, simplemente. Se trata de integrar los cambios. Se trata de ser consciente de ellos y de sus consecuencias. Lo inconsciente es natural. Lo natural es cíclico. Se cambia aunque no se desee, aunque exista el miedo ante la fuerza de la dinámica. Está dado.

Miro esas letras y a la que fui en ellas y encuentro cosas que me gustan y cosas que me desagradan. Sobre las últimas tal vez convenga hacer un par de anotaciones: 1) ¿era necesario hacer las cosas de esa manera? ¿decir de esa forma? ¿expugnar hacia dentro, digamos, con cierta crueldad, indolencia, desfachatez consigo misma? R.: Quizás. Lo cierto es que en ese momento, fue la forma. 2) ¿era yo la que se desnudaba ahí? ¿lo más profundo de lo que me atormentaba? ¿the dark side of the moon? R.: sí y no. Era y no era. Sólo una parte de mí, la que se fue diluyendo hasta doler menos, hasta doler de otro modo.

La vuelta de página deja atrás no sólo las palabras. De pronto me doy cuenta que eso es lo menos importante; que eso era una vía de expresión válida como cualquier otra. La vuelta de página deja atrás a esa niña tullida, la que aparece en mis poemas viejos. Tullida no por lisiada sino por temerosa. También deja en su sitio a una mujer resignada a muchas cosas producto de un cansancio crónico que, en el fondo, esconde -a medias- cierta desesperanza. Su cara b sería el arrebato, la cólera, el rostro femenino de la ira impulsiva y desmedida, que impresionó a muchos, sí, pero a la larga sólo generaba una barrera difícil de sortear. Un escudo.

De lo reciclable (de pronto y hasta cabe la ecología en esto), rescataría esa fuerza que tengo cuando no la sospecho (al decir de O.). La lucidez; su dolorosa compañía, las decisiones que ayuda a sostener. Me sigue cayendo bien la terquedad. Y cierta forma de impulsividad que ahora asumo como algo juvenil, incluso tonto, pero rico. Un defecto que disfruto de mí, porque no soy precisamente toda angelical. Tengo mis momentos de libélula y mis momentos de lucifer. Reciclo además la velada necesidad de protección. La ausencia de dulzura y cariño que, precisamente por eso, los hacen presentes.

En mi cuadro ecológico tendría que darles la vuelta. Descomponer lo podrido para alimentarme y luego... Sí, necesito mi vía de expresión. Es un hecho. Y si esto fuera un comienzo, ¿de qué lo sería? Si esto fuese alimento, ¿para quién?

Hoy, creo que sólo puedo obtener certezas de lo andado. Hasta cierto punto, digamos. Por lo tanto: il viaggio è il viaggiatore. Ciao, Oltre. No retrasaré más mi viaje.

lunes, febrero 23, 2009

Nasija

lunes, febrero 23, 2009


Cortometraje de Guillermo Flores sobre la pena de muerte a las mujeres africanas.

domingo, febrero 22, 2009

Patrice Leconte: dos películas

domingo, febrero 22, 2009
Patrice Leconte (París, 1947) es un director de cine, guionista y actor francés. Como suele suceder cuando uno ve las películas que simplemente llegan, sin un orden, digamos, lógico, me encontré con él en una película suya de 1999, titulada La chica del puente.

Eso ocurrió la semana pasada y ayer, por esa lógica de la casualidad, se produjo el reencuentro con El marido de la peluquera, nueve años más antigua en su filmografía.

En La chica del puente, Leconte nos muestra la historia de una mujer que linda la ingenuidad y la estupidez. La chica conoce a un tipo en un puente, mientras intenta matarse. Éste se gana la vida arrojando cuchillos y buscando, al parecer, una diana que no desee demasiado su vida como para exponerse al filo de su puntería.

La película está grabada en blanco y negro y tiene algunos diálogos sabrosos, así como la estupenda actuación de Daniel Auteuil (El placard).

"- El futuro es como una sala de espera, como una gran estación, con bancos y corrientes de aire, y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. Tienen prisa. Cogen trenes, o taxis, tienen un sitio adonde ir, alguien con quien encontrarse. Y yo me quedo sentada, esperando.

- ¿Qué espera, Adele?

- Que me ocurra algo."


Y las cosas ocurren, digamos. Sólo que la tal Adele comienza a tambalearse hacia el lado estúpido de la candidez y entonces, una película que comenzó bastante bien y que prometía mostrar nexos interesantes entre las perdidas jóvenes suicidas y la necesidad de encontrar a esa persona complementaria, necesaria, irreemplazable, se diluye hasta cristalizar en un final predecible y meloso.

Otra historia de amor, no tan lejana, en el fondo, es El marido de la peluquera (1990). Allí, el narrador y protagonista es Antoine (Jean Rochefort), un hombre que de niño soñaba con casarse con una peluquera. Matilde (Anna Galiena), es la elegida por este hombre cuya espontaneidad y amor por su mujer lo convierten en un personaje encantador.


La historia es bastante más sencilla que la de La chica del Puente. Comienza por lo bajo, susurrada por la voz de un Antoine que busca en su niñez el comienzo de su gran amor. Su fuerza e intensidad van apareciendo en las movimientos sensuales de Matilde, en los bailes árabes que él le dedica a ella y a su clientela, en las declaraciones amorosas, su abrumadora sencillez y su imponente presencia.

El final es un broche de oro, por lo inesperado y, sin embargo, coherente que logra ser con los personajes.

Para mí, ambas películas exploran esa relación entre la necesidad de amar y ser correspondido, transformada en una correspondencia total, entregada y perpetua. En ese sentido, creo que El marido de la peluquera logra dar un paso más allá, mostrando el miedo al final del amor.

Será por eso que Pedro Guerra le dedica un tema en su disco Golosinas (2005), tema que también escuché hace años interpretada por su compatriota Ismael Serrano, en conjunto con su autor. Tal vez Serrano, al ver la película, habría dicho como en aquella canción: "el amor es eterno mientras dura".

miércoles, febrero 11, 2009

Bitácora de sueños

miércoles, febrero 11, 2009
Listo:

http://diarium-somnio.blogspot.com/


Quedan todos invitados.

domingo, febrero 08, 2009

Proyecto febrero

domingo, febrero 08, 2009
A una semana de comenzar febrero ha nacido esta idea: un blog de sueños.

Lo escribo aquí para no olvidarlo.

sábado, enero 31, 2009

¿Trova chilena?

sábado, enero 31, 2009
Foto: Nano Stern y Manuel García.

¿Cómo evalúas la tradición chilena? En tu disco hay evidentes referencias al trabajo de Violeta Parra y Víctor Jara, quizás los dos principales emblemas de esta tendencia.


-Mis raíces no son chilenas, pero haber nacido acá y poder escuchar esa música desde chico es un universo hermoso. Creo que la música en Chile tiene una característica de introspección que no se observa en otros países de Latinoamérica. La música chilena es una música que viene desde el silencio, de una naturaleza hacia la gente. Lo que nos dieron Víctor Jara y Violeta Parra es un tremendo regalo. Noosotros tenemos que entender y continuar en la medida de lo posible. Continuarlo hoy, en el año 2007. Que lo que hablemos y presentemos tenga que ver con hoy mismo. No se trata de si tiene o no bombos o charangos, se trata de qué estás diciendo, qué está pasando y de la capacidad de reflejarlo en las canciones.

Nano Stern.

Fuente: click aquí.

lunes, enero 26, 2009

Dice que...

lunes, enero 26, 2009

«dice que el amor es muerte es miedo»

A. Pizarnik

a Dina.



Dice que el amor es muerte es miedo. Dice que la vida apenas fluye que la inercia. Dice que la muerte a la vuelta de la esquina. Repítese infatigablemente que ha llegado la hora de la hora. Cierra los párpados cansados.

Dice que prácticamente todo es más de lo mismo. Dice que somos huérfanas de padre y que la madre que tuvimos fue muda o, en su defecto, sufría una depresión crónica. Dice que Nietzsche, que Pizarnik; que el poeta en aquella película de Subiela, El lado oscuro del corazón. Dice que el hijo que le dará a Sabina, que los cigarrillos, que los poetas de Guayaquil, los de Ecuador, los de América Latina, etcétera, etcétera.

Sobretodo los poetas. De los poetas dice muchas cosas. Pero de las poetas, más. Dice que el extremismo es una religión y se confiesa prácticante acérrima de ella. Dice que las manos son alas atrofiadas.

Dice que la soledad reside en las entrañas; que acumula tiempo, no deja pasar, se hace tapones de recuerdos. Dice que Alejandra es magnífica. Que el agua cuando su cuerpo se sumerge; que los argentinos, bellos, putos. Que el francés. Dice que las pastillas para no soñar la dejaron desnuda de la A a la Zeta. Que todos los presentimientos, las dudas, los caminos que da miedo transitar, porque el amor y el miedo cantan una sola melodía en sus oídos. Porque sí.

Dice que iremos a morir mañana.

 
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