jueves, septiembre 24, 2009

Pequeño merjunge cinéfilo

jueves, septiembre 24, 2009
Desde la más reciente hasta la última que recuerdo haber visto:

The reader (2008, Stephen Daldry)-. Me gustó; la actuación de la Winslet conmueve, impele a situarse en la emoción, a identificarse con ella más que tomar el papel de juez, espectador. El guión abre puntos de vista novedosos sobre temas difíciles de conversar.

¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987, Abbas Kiarostami)-. Linda historia que toca la nobleza de un niño. Aunque me quedé con el bichito de no haberla oído de la voz de los actores, en su lengua, sino con la traducción ezpañolizada simultánea. Qué pena.

La duda (2008, John Patrick Shanley)-. Buena historia, buenas actuaciones, pero el final...

Mi vida en rosa (1997, Alain Berliner)-. Sí, digamos, interesante. No me mató, quizá porque consideré muy fácil la salida del conflicto. Me pareció insuficiente el haberse quedado sólo con las fantasías de un niño que se pensaba niña, en lugar de abrir de forma más real el tema de la homosexualidad cuando se presenta así, en la naturalidad de un niño de siete años.

Opus Dei (2007, Marcela Said)-. Documental. Un punto de vista de este movimiento religioso católico en Chile. ¡Cada cosa en las viñas de...!

Promets-moi (2008, Emir Kusturica)-. Éstos servios, por la cresta. Qué divertidos que son. Música excelente, paisajes bellísimos, historia... bueno, fue un poco lugar-comunista, pero sin duda ofrecida desde una creatividad y un sentido del humor singularísimos. Lo mejor: cierto método de "hipopotamizar" al malo para luego castrarlo.

Contra la pared (2004, Fatih Akin)-. Tormentosa. Apasionada, más que romántica. Para mí, una historia sobre desatinos y desencuentros... y sobre las intuiciones. Ah, me gustó mucho la actuación de la protagonista.

El gran Torino (2009, Clean Eastwood)-. Tiene un inicio leeeeento, con una actuación momia del director que va compensando a medida que la historia agarra vuelo y el personaje cobra sentido. Deja una sensación agradable a los sentidos, no digamos qué bruto qué conmovedora que es, pero sí tiene un qué-sé-yo de conmoción.

La familia savages (2007, Tamara Jenkis)-. Una historia familiar, que podría ser la historia familiar de cualquiera. Me gustó cómo abordaba el tema de la vejez, de la relación padre-hijo, y las relaciones filiales. Con un toque de humor justo y necesario. Paréntesis: el cura protagonista de "La duda", es uno de los protagonistas de ésta película.

Cuatro minutos (2006, Chris Kraus)-. Excelente. Una chica violenta, rebelde, con un talento increíble y encerrada en una cárcel. Una profesora de piano con una historia que la conectará más de lo que piensa con su pupila. Muy buena.

viernes, junio 26, 2009

Diálogos, Pizarnik (1968)

viernes, junio 26, 2009


Cortometraje basado en "Diálogos", de Alejandra Pizarnik

-1968-

lunes, abril 06, 2009

Contradicción

lunes, abril 06, 2009
Casi casi como aquella en la escena en que dice que no, pero sí. Al menos como dice el título: con ánimo de amar, lo cual puede llegar a ser en ciertas circunstancias más que suficiente. Y el otoño, las id(e)as, los regresos, más o menos todo acomodándose al lienzo de lo que va sucediendo, a paso firme, dentro de mí.

Desde el piso inferior del bus de dos niveles, imagino la historia de dos mujeres. La una y la otra serían distintas, pero idénticas. De alguna forma, en su discurso, en sus palabras, iría desapareciendo la (aparente) distancia, hasta quedar sólo el contenido. La historia en el fondo sería simplemente una visión, una óptica particular que los demás pueden (o no) compartir. Nada del otro mundo.

Me pregunto si resultaría contar algo así. A mí me suena verídico, digamos, al menos susceptible de ser cierto. La una pensaría que los hombres son un mal necesario, y la otra que son un bien prescindible. La una usaría palabras modositas y la otra hablaría a las patadas, puteada tras puteada y sin intenciones de allegarse a un cielo del que ha sido excluida antes de intentar siquiera entrar en él. Tendrían ideas sobre la vida, aunque más bien serían juicios. Juicios sobre la realidad.

Las dos tendrían parte de mí y con ello, tal vez, redimiría algunas contradicciones. Pienso en las diferencias como aquel punto mágico que he visto cuando amanece por un sólo lado del camino, mientras que el otro continúa oscuro, con la luna por delante. En algún punto ese universo contradictorio se une, se toca. En alguna parte del firmamento todo eso es lo mismo, sólo que es dificil verlo. Es difícil tenerlo en cuenta.

El viernes, mientras veía Con ánimo de amar (Wong Kar-Wai, 2000), me acordaba de la sugerencia que hace ya tiempo me hiciera O. sobre ella. Creo haberle hablado de mi fascinación por Ki-duk, el director surcoreano y de su película Time, en la que dibuja el miedo al paso del tiempo en una relación amorosa. Me preguntaba si aquella complicidad de la pareja protagonista, tenía algo que ver con la nuestra. Y el miedo, al parecer inevitable, a ser como los otros, como los que engañaron primero. La contradicción.

Me pregunto si convendría aceptar que prender la luz tiene más que ver con el permanecer a oscuras, con los ojos abiertos, que con encender una lámpara y quedar, encandilado, a ciegas.

sábado, marzo 21, 2009

Otto e mezzo

sábado, marzo 21, 2009

Fellini, 8 1/2 (1963) me ha sonsacado más sonrisas que varias comedias juntas. Así de sencillo, por obra y arte de la sinceridad. El buen Calamaro diría tal vez "honestidad brutal", mientras yo me pregunto por qué razón, motivo, o circunstancia, es que esa cualidad divierte tanto y hace que las cosas más terribles de decir, parezcan de pronto naturales y, consecuentemente, menos graves de lo parecen.

Pienso, por contrapropuesta, en las teleseries chilenas que son, a mi entender, una sarta de idioteces coloridas. Al menos las que han aparecido en estos últimos años. Allí, los dramas que pretenden emular la realidad no pasan de ser tibios remedos, fantasiosos, de lo que a alguien podría ocurrirle... en Júpiter. No son verosímiles pero se jactan de tocar temas "contingentes": la homosexualidad, las separaciones de pareja, los embarazos para retener al novio que se ha enamorado de otra (?), el éxito económico (?), etcétera.

Hay gente que me dice: pero Ange, si son sólo comedias. Ya. Comedias. Comedias donde cada capítulo alguien llora por amor (dizque) y luego va y por desengaño (dizque) le pone los cuernos al amor de su vida (dizque) y luego se arrepiente (dizque) y (adivinen) ...vuelve a llorar por amor . Cabe preguntarse por qué la gente no se atora de la risa con tanta hilaridad, por qué hay peleas en los hogares chilenos, si bastaría con encender la tele a la hora 20 de cualquier día de la semana, y ya. Asunto solucionado.

Entonces, hoy, me siento a ver esta película de 1963 y me río con ganas. Porque sí, es verosímil. Las crisis son verosímiles, los engaños, las reconciliaciones que nadie alcanza a comprender totalmente, los nacimientos de una galaxia llamada inspiración: el hilo que conduce una idea tras otra, a veces tercamente, hasta su desenlace placentero. Todo eso es verosímil; y sobretodo las facciones del Mastroiani cuando se siente la mierda más mierda del mundo por no poder decir la verdad de lo que siente, empezando por decirse a sí mismo: ni siquiera sé lo que siento.

Da risa porque el mismo personaje se ríe de su pobreza interior, de su falta de autenticidad. Y es entonces cuando comienza a ser auténtico, genuino de veras. La risa es por verguenza y por reconocimiento. Es una forma de decirse "qué mierda que soy a veces... ¡y no me doy cuenta!". Da risa porque uno, si es lo suficientemente honesto o lo suficientemente brutal (a lo Calamaro), inevitablemente dice "sí, joder, es que así somos los seres humanos". La cosa, como dije al principio, es dolorosa pero queda, como por arte de magia, universalizada: es natural y es mejor reconocer que somos así.

Lógico, el paso siguiente al reconocimiento de la propia pendejería, es la risa y no (ojo), la tragedia.

Eso es verdaderamente terapéutico y da posibilidades de cambio. No la farsa, ni la gazmoñería, ni mucho menos el drama indigerible de la culpa.

He dicho.

domingo, febrero 22, 2009

Patrice Leconte: dos películas

domingo, febrero 22, 2009
Patrice Leconte (París, 1947) es un director de cine, guionista y actor francés. Como suele suceder cuando uno ve las películas que simplemente llegan, sin un orden, digamos, lógico, me encontré con él en una película suya de 1999, titulada La chica del puente.

Eso ocurrió la semana pasada y ayer, por esa lógica de la casualidad, se produjo el reencuentro con El marido de la peluquera, nueve años más antigua en su filmografía.

En La chica del puente, Leconte nos muestra la historia de una mujer que linda la ingenuidad y la estupidez. La chica conoce a un tipo en un puente, mientras intenta matarse. Éste se gana la vida arrojando cuchillos y buscando, al parecer, una diana que no desee demasiado su vida como para exponerse al filo de su puntería.

La película está grabada en blanco y negro y tiene algunos diálogos sabrosos, así como la estupenda actuación de Daniel Auteuil (El placard).

"- El futuro es como una sala de espera, como una gran estación, con bancos y corrientes de aire, y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. Tienen prisa. Cogen trenes, o taxis, tienen un sitio adonde ir, alguien con quien encontrarse. Y yo me quedo sentada, esperando.

- ¿Qué espera, Adele?

- Que me ocurra algo."


Y las cosas ocurren, digamos. Sólo que la tal Adele comienza a tambalearse hacia el lado estúpido de la candidez y entonces, una película que comenzó bastante bien y que prometía mostrar nexos interesantes entre las perdidas jóvenes suicidas y la necesidad de encontrar a esa persona complementaria, necesaria, irreemplazable, se diluye hasta cristalizar en un final predecible y meloso.

Otra historia de amor, no tan lejana, en el fondo, es El marido de la peluquera (1990). Allí, el narrador y protagonista es Antoine (Jean Rochefort), un hombre que de niño soñaba con casarse con una peluquera. Matilde (Anna Galiena), es la elegida por este hombre cuya espontaneidad y amor por su mujer lo convierten en un personaje encantador.


La historia es bastante más sencilla que la de La chica del Puente. Comienza por lo bajo, susurrada por la voz de un Antoine que busca en su niñez el comienzo de su gran amor. Su fuerza e intensidad van apareciendo en las movimientos sensuales de Matilde, en los bailes árabes que él le dedica a ella y a su clientela, en las declaraciones amorosas, su abrumadora sencillez y su imponente presencia.

El final es un broche de oro, por lo inesperado y, sin embargo, coherente que logra ser con los personajes.

Para mí, ambas películas exploran esa relación entre la necesidad de amar y ser correspondido, transformada en una correspondencia total, entregada y perpetua. En ese sentido, creo que El marido de la peluquera logra dar un paso más allá, mostrando el miedo al final del amor.

Será por eso que Pedro Guerra le dedica un tema en su disco Golosinas (2005), tema que también escuché hace años interpretada por su compatriota Ismael Serrano, en conjunto con su autor. Tal vez Serrano, al ver la película, habría dicho como en aquella canción: "el amor es eterno mientras dura".

domingo, enero 18, 2009

El séptimo sello y otras hierbas

domingo, enero 18, 2009
Ayer la masa sí estaba para bollos. Y nada, aprovechamos de ver esta película de Ingmar Bergman que teníamos guardada y pendiente de algunos meses atrás. Clásico de un clásico, como dicen por ahí, El séptimo sello (1957) tiene como temática central la archiformulada pregunta existencial por el sentido de la vida y el (posible) más allá.

Blancos y negros, el tablero de ajedrez, el rostro de la Parca y los intentos del protagonista por encontrar un sentido o, al menos, una respuesta, van cobrando fuerza en la medida en que el panorama social se devela. La peste negra sería entonces una amenaza y un espejo, mostrándole a las personas su miedo más grande y la incertidumbre más completa.

Me siento fascinada por la espantosa omnipresencia de la Parca, por su talante pletórico de ironía y desprecio, sabedora de su facultad de impostergable. Lo pienso sobretodo en la penúltima escena: mientras se encuentran en la mesa, llega la Muerte y los enfrenta. Los personajes van presentándose uno a uno, y luego, a seguirla. Me digo entonces que sí, efectivamente, nada es menos absoluto que la muerte.

Hoy, una buena amiga dice que lo único que le queda es el dolor y la rabia. Entonces, le digo, lo que sigue es drenar. Drenar no más. Quizá el dolor -¿como el amor?- sea otro absoluto.


martes, enero 13, 2009

Una mujer partida en dos (2007)

martes, enero 13, 2009
La última función del cinearte El Biógrafo es a las 21.30 horas. Santiago, a esa hora, recupera algo de frescura y se hace un poco más agradable para mí.

Después de un rato, mi hermana abandona la sala y quedo sola, con toda la platea para mí y la pantalla por delante. En ella, la pobre Gabrielle se enamora irremisiblemente de un escritor adicto a las citas y a los placeres. Él trata de protegerla de sí, como intentando torcerle la mano al destino que la joven ya venía cruzando desde el principio. En fin.

La película deambula por encuentros variopintos, excesivos a mi gusto, aunque con diálogos interesantes. Yo miro la pantalla y observo, al mismo tiempo, la platea vacía. Escucho las risas que provoca el personaje del joven rico, un tal Paul Gaudens. Se trata, a primeras luces, de un idiota engreído y melodramático. Sin embargo, a medida que la película avanza (quiero decir: no termina), me preguntaba si esa cualidad le pertenecía exclusivamente al personaje o había corroído la trama, afectando a toda la película de un tono afectivo que oscilaba entre lo histérico y lo profundo.

Hubo cosas, entre toda esa emotividad, que no me cuadraron ni un pelín. Las escenas de la madre comprensiva, que buscaba al joven engreído para consolar a la desilusionada Gabrielle y, más tarde, afirmaba del escritor una bondad que, en cualquier caso, no ayudaba mucho. La aparición del tío, quien realmente entra en una escena a modo de justificación para poder trazar el final (simbólico, claro), o lo que vendría siendo la resultante de aquella antes ingenua "chica del tiempo", luego de aquella debacle que le toca vivir.

Pese a lo anterior, salgo de la sala rescatando los diálogos inteligentes y la imagen de Gabrielle: una mujer que yo no diría partida en dos, pero sí anegada por dos aguas de fuentes diferentes.

jueves, enero 08, 2009

Recuento 2008: Cine

jueves, enero 08, 2009
A petición de Valerio, porque su proyecto de cineteca casera es todo un acierto. Y bueno, habrá películas que olvidaré mencionar, seguramente, pero aquí va:

1-. Madadayo. Akira Kurosawa. Japón, 1992.
2-. La vie en rose. Olivier Dahan. Francia, 2007.
3-. Dirección Desconocida. Kim Ki-duk. Corea del Sur, 2001.
4-. Samaria. Kim Ki-duk. Corea del Sur, 2006.
5-. La Isla. Kim Ki-duk. Corea del Sur, 2000.
6-. El Arco. Kim Ki-duk. Corea del Sur, Japón, 2005.
7-. Primavera, Verano, Otoño, Invierno y Primavera otra vez. Kim Ki-duk. Corea del sur y Alemania, 2003.
8-. Time. Kim Ki-duk. Corea del Sur, 2006.
9-. El libro de cabecera. Peter Greenaway. Inglaterra, Francia, Holanda, 1996.
10-. El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante. Peter Greenaway. Inglaterra, 1989.
11-. La belleza de las cosas. Bo Widerberg. Dinamarca, Suecia, 1995.
12-. Un Buda. Diego Rafecas. Argentina, 2005.
13-. Good Bye Lenin. Wolfgang Becker. Alemania, 2003.
14-. Tres colores: Azul. Krzysztof Kieslowski. Polonia, 1993.
15-. Tres colores: Blanco. Krzysztof Kieslowski. Polonia, 1994.
16-. Tres colores: Rojo. Krzysztof Kieslowski. Polonia, 1994.
17-. Cinema Paradiso. Giuseppe Tornatore. Italia, 1988.
18-. ¿Quieres ser John Malkovich? Spike Jonze. Estados Unidos, 2000.
19-. Mi vecino Totoro. Hayao Miyazaki. Japón, 1988.
20-. El método. Marcelo Piñeyro. España, Argentina e Italia, 2005.
21-. After Life. Hirokazu Kore-eda. Japón, 1998.
22-. La secretaria. Steven Shainberg. Estados Unidos, 2002.
23-. Hombre mirando al sudeste. Eliseo Subiela. Argentina, 1986.
24-. Mi mejor enemigo. Alex Bowen. Chile, Argentina, España, 2005.
25-. Todo sobre mi madre. Pedro Almodóvar. España, 1999.
26-. Hable con ella. Pedro Almodóvar. España, 2001.
27-. Persona. Ingmar Bergman. Suecia, 1966.
28-. La ciudad de los fotógrafos. Sebastián Moreno. Chile, 2006.
29-. La vida de los Otros. Florian Henckel-Donnersmarck. Alemania, 2006.
30-. Juego de Lágrimas. Neil Jordan. Irlanda, 1992.
31-. Petróleo Sangriento. Paul Thomas Anderson. Estados Unidos, 2007.
32-. ¿Qué pasó con Baby Jane? Robert Aldrich. Estados Unidos, 1962.
33-. La vida me mata. Sebastián Silva. Chile, 2006.

sábado, noviembre 29, 2008

Juego de Lágrimas (1992)

sábado, noviembre 29, 2008
Pese al (gran) sueño y cansancio que sentía el día miércoles, cuando vi Juego de Lágrimas me cautivó el estupendo guión que presenta.
La historia tiene giros imprevistos que conmueven y generan escenarios intensos, planteando problemáticas complejas como el género, la lealtad, la identidad... en fin.

El que luego haya tenido que hacer un análisis de los personajes principales... queda descontado. Lo interesante estuvo precisamente previo a eso.

Sobre el director y el contexto del film-.

Neil Jordan nació en Sligo, norte de Irlanda, el 25 de febrero de 1950. Ha rodado 14 películas, y los mayores éxitos de su carrera son "Entrevista con el vampiro" y "Juego de lágrimas". El gusto por lo extraño o poco usual, su irregularidad y sus dotes literarios, hacen de Jordan un cineasta capaz de realizar personajes no tan alejados de las cualidades anteriores. En “Juego de lágrimas” estructura personajes ambiguos sexualmente, dejando espacio para la controversia al recrearlos dentro del contexto del ejercito republicano irlandés (IRA). La complejidad de estos personajes radica en la unión de canciones de amor que anuncian un secuestro terrorista y la bella mujer que acaba siendo un hombre. Eso desentraña un paisaje emocional poco convencional, dentro de una perspectiva intensa y compleja.

Respecto del contexto histórico en el que la película se desenvuelve, Jordan recrea el conflicto de Irlanda del Norte, que se dio entre grupos paramilitares republicanas y leales, activistas políticos y grupos pro-derechos civiles, la Real Policía del Ulster (policía británica en el Ulster, también denominada RUC), el Ejército Británico y otros grupos en Irlanda del Norte, desde fines de la década de 1960 hasta la conclusión del "proceso de paz" de fines del siglo XX, el mismo que culminó con la firma del Acuerdo de Viernes Santo el 10 de abril de 1998. No obstante, la violencia continuó después de esta fecha y todavía continúa de forma ocasional y a pequeña escala.

Este conflicto ha sido varias veces descrito como terrorismo, conflicto étnico, una guerra de guerrillas, un conflicto de baja intensidad e, incluso, una guerra civil. La violencia del conflicto sobrepasó en muchas ocasiones las fronteras de Irlanda del Norte, extendiéndose hacia la República de Irlanda y el Reino Unido. Si bien el conflicto nunca fue una guerra declarada, la gran cantidad de bajas sufridas por las fuerzas militares británicas (725 muertos y miles de heridos), los recursos empleados por el gobierno británico durante más de 25 años, la destrucción causada en muchas ciudades y pueblos de Irlanda del Norte e Inglaterra y el complejo arsenal usado por los grupos paramilitares hacen pensar que el conflicto fue una guerra de facto.


lunes, noviembre 24, 2008

Good Bye Lenin

lunes, noviembre 24, 2008
Los 121 minutos de duración de Good Bye Lenin!, son una suerte de permanente recuerdo, una lectura del pasado que necesita quedar atado al presente. No es sencillo ir atando cabos en la vida familiar; pareciera ser que parte del crecer es ir integrando esas mentiras, grandes y pequeñas, y descubrir que las más de las veces, los demás no son lo que quisiéramos. Tal vez también que es por eso que son valiosos.

El factor tiempo es crucial en esta película alemana, dirigida por Wolfang Becker. La recreación del año 1989 consiguió generar en mí una visión del cambio producido por la Caída del Muro; y, desde luego, de la forma en que las personas vivenciaron este giro en sus vidas.

La actuación del protagonista, Alex (Daniel Brühl), me pareció adecuada y creíble. Quizá porque el guión logra insertar una idea que, de contarla, suena tremendamente descabellada (engañar a la madre haciéndola pensar que sigue viviendo en la Alemania de siempre, tapando la caída del régimen socialista), pero que en la puesta en escena logra tomar forma, enternecer y emocionar por la fidelidad al amor que este hijo siente por su madre.

Vale la pena verla. Ah, ojo con la música. Es deliciosilla.



domingo, noviembre 16, 2008

Tres Colores: Rojo (1994)

domingo, noviembre 16, 2008
La última película de la trilogía de Kieslowski; Rojo presenta la historia de una joven modelo (Irene Jacob), cuya vida parece estar entre paréntesis, sumida en una ingenuidad respecto de la naturaleza humana de la que no pretende desprenderse.

Una noche, por accidente, atropella a un perro. Lo sube a su vehículo y, gracias al collar del animal, llega a casa del dueño. Él (Jean-Louis Trintignant) -un juez jubilado dedicado a espiar las conversaciones telefónicas de sus vecinos-, reacciona con extraña indiferencia, lo que hiere los sentimientos de la ingenua joven.

Así comienza una extraña y magnética relación entre ambos. El juez descubrirá pronto que su vida ha perdido el sentido hace mucho tiempo, mientras que la joven modelo transitará su propio camino hacia una nueva ética, tan necesaria como la credibilidad anterior.

De las tres películas, es la que menos me gustó. Se me hizo larga sobretodo por el comienzo, que se extiende innecesariamente. Una vez que arranca la trama y se develan los conflictos con gran sutileza, se hace más digerible.

El cierre es especial; aparecen personajes de las dos películas anteriores, salvadas de un naufragio junto con la protagonista de Rojo. Tal parece que la fraternidad está estrechamente ligada a la redención, y alcanza para todos.

miércoles, noviembre 12, 2008

Tres Colores: Blanco (1994)

miércoles, noviembre 12, 2008

Segunda película de la trilogía de Kieslowski; Blanco presenta una trama argumental más compleja y extensa que su antecesora. Igualmente hay un tratamiento de las imágenes en relación al color que nombra la película: aparecen escenas con paisajes polacos, repletos de invernal nieve.

El protagonista, Karol Karol (Zbigniew Zamachowsky), no logra salvar su relación con Dominique (Julie Delpy), una francesa a la que conoce en un concurso de peluquería internacional, pues no consigue consumar el matrimonio. Ocurre entonces el divorcio, en Francia, y Karol queda librado a su suerte: sin mujer, sin dinero, sin alojamiento.

El tono de comedia en el personaje libra a la cadena de sinsabores de la trama de situarse en el melodrama. Por mi parte, experimenté más bien una mezcla de emociones variopinta, a veces observando la decepción y la obsesión de Karol por Dominique, las reacciones agrias de ella y luego su lucha por devolver la mano, tener un lugar y una posición desde las cuales hacer justicia.

El cambio en Karol se va haciendo patente y también su plan. Recupera a Dominique pero la hace pagar por su actitud y el sufrimiento que le ha causado.

Sólo en el desenlace final se comprende el equilibrio de la historia, de tal manera que éste abre una ventana a nuevas posibilidades. A mi modo de ver esto es lo más interesante que propone Kieslowski a nivel argumental. No se trata entonces de una venganza banal, aunque sentida y justificada, tal vez. En lo velado, subyace la necesidad profunda de compensar en el dolor, lo que el amor exige.

Quizá para Kieslowsky esta sea la forma más humana y profunda de igualdad. Quizá es sólo una interpretación mía. Lo que sí queda claro es que el cierre de la película es una llave. Y que cada uno dirá qué puerta se puede abrir con ella.

domingo, noviembre 09, 2008

Tres Colores: Azul (1993)

domingo, noviembre 09, 2008
Primera película de la trilogía francesa "Tres Colores", del director Krzysztof Kieslowski; Azul cuenta la historia de Julie, una mujer que pierde a su esposo -un notable compositor- y a su pequeña hija en un accidente automovilístico.

Tres Colores: Azul, forma parte de una magnífica interpretación de la trillada consigna francesa: "Igualdad, libertad, fraternidad". Blanco y Rojo, grabadas en 1994, completan la trilogía de este director polaco.


Julie emprende su nueva vida imponiéndose un estilo independiente, solitario. Bajo el anonimato, intenta olvidar y perderse. Ocurre entonces un desfile de acontecimientos que se lo impiden; un concierto inconcluso de su marido que sólo ella puede terminar y la presencia de Olivier, enamorado de ella desde que era ayudante de su marido, completan una historia profunda y poética, con una fotografía que destaca el azul en todas sus formas.

El hilo musical también es prodigioso; la melodía inconclusa ata a la protagonista a ese pasado que pretende dejar atrás, produciendo en su rostro expresiones sutilmente dolorosas.

Impresiona la fuerza con que Julie busca liberarse de la pesada carga de recuerdos y cómo, al ver de frente los acontecimientos, éstos parecen disminuir ante su resolución. Pareciera comprender, en algún minuto, lo absurdo de huir. Darse cuenta que lo único que puede hacer por ella misma es vivir la vida que tiene, con todo lo que eso implica.



 
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